Acá va una crónica de mi amigo Ariel Ríos Garcés sobre un viaje al Chaco. Ariel es un cipoleño suelto en Córdoba, vicioso (y no, no es un oso que anda en bici) del ajedrez y está a unas materias de convertirse en profesor de Filosofía.
Comedor Rayito de Luna
Pres. Roque Sáenz Peña
Provincia de Chaco
19 al 24/03/2008
Un fuego
Un corazón puro anda en Córdoba. Trabaja y estudia, está mimetizado con el resto. Seguro lo has cruzado y no lo has visto. Este corazón parece uno más. Solo unos pocos hemos tenido el privilegio de ver su amor incondicional, su entrega absoluta, su bondad pura. Es un fuego, es una llama ardiente. Sólo de un corazón de tal calaña, sólo de una conciencia social tan desarrollada, sólo de alguien con tanta sincera preocupación por el otro, puede surgir la idea y la decisión de ir a pasar las Pascuas en ayuda de un barrio pobre. Admiramos su compasión, no podemos negarnos a su invitación.
Al momento de pedir ayuda nos damos cuenta de que estamos rodeados de buenas personas. Nos sentimos orgullosos de nuestras amistades y de nuestros conciudadanos. Otros buenos corazones habitan Córdoba. Alguien los tocó y ellos no hacen más que darnos y ofrecernos su ayuda *.
El viaje
La cosa no está bien. La ruta está cortada. “Agropecuarios sirviendo a la patria”. Somos un grupo de amigos. Una del grupo nos propuso este viaje, el resto nos sentimos llamados. No sabemos por qué vamos específicamente a aquel comedor de Chaco y no a otro lugar, pero allá vamos. Sabemos que allá encontraremos el por qué. Ahora simplemente sentimos que algo más grande, que nos trasciende, nos lleva hacia allá. Llevamos donaciones y buena voluntad.
Los cortes no nos detienen. Viajamos en acoplado y en remis. Tenemos un solo destino: Roque Sáenz Peña. Allí nos recibe un joven de veinticinco años, que al igual que el presidente que dio el nombre a su ciudad, es hijo de un doctor y está haciendo carrera en Derecho. Inspirado en el espíritu generoso de su padre, ‘el carpintero’ José está levantando el comedor, está construyendo vida allí en aquel barrio, en aquella ciudad.
Nalá, que significa ‘sol’ en toba, es el nombre del barrio en el cual nos alojamos; debe ser por como pega el sol en aquellos lares, donde ni el agua se anima a entrar. Pero es más conocido como “barrio toba”, se imaginarán por qué. Allí residen miles de familias QOM (o tobas). Para saber el por qué de sus condiciones de vida no hay más que ver la historia que comienza con el imperialismo de la Corona española, que continúa actualmente con las políticas neoliberales impulsadas por el imperialismo de ‘la Corona yanqui’, las cuales han sometido las culturas de los originarios y devastan la selva y los ecosistemas habitados tradicionalmente por ellos; y sobre todo nuestra indiferencia cómplice.
Nos alojamos en un Centro de Capacitación Indígena. Ismael, el encargado, sabrá contarnos su historia y su trabajo, es nuestro guía.
Rayito de Luna
Es el comedor elegido, está ubicado a unas pocas cuadras; a pesar de las advertencias decidimos caminar por el barrio. Se sorprenden al vernos, no saben qué hacemos allí.
Rayito de Luna es una habitación de unos ocho por cuatro metros cuadrados, con un cobertizo de similar tamaño. Tomamos lijas y comenzamos a limpiarlo. Aparecen los primeros niños, quieren ayudarnos. Revocamos y pintamos las derruidas paredes.
Las cocineras y los representantes del lugar se acercan.
Volvemos a la tarde. Continuamos pintando. El comedor ha cambiado su cara. Nosotros seguimos con cierta ansiedad e incertidumbre respecto al motivo y a los posibles logros de nuestra tarea allí. Pronto uno de los niños comienza a disipar nuestros temores, emocionado por la nueva cara del comedor nos dice que lo cuidará.
Las mujeres y los niños deciden compartir con nosotros un mate cocido. Son las siete de la tarde y a media altura la luna llena nos sorprende. Rayito de luna brilla, miles de rayitos lunares la iluminan. Cientos de almas convergen resplandecientes. Hemos trabajado juntos, ya somos hermanos, podemos compartir el pan.
Al otro día llevamos los alimentos para hacer el almuerzo. Por momentos pecamos de voluntarismo. Son muchos los chicos, la comida que hemos llevado no es tanta como pensábamos. No sabemos cómo contenerlos. Pero no nos dejamos caer. Pronto conseguimos lo necesario y todos almuerzan. Estamos decididos a cumplir nuestra misión, más que refaccionar el comedor, dar alimentos y ropa, es compartir esos días con los niños y las personas que asisten al comedor.
Ya sentimos el barrio como nuestro. Los vecinos ya nos reconocen y nos saludan. “Lá” es el solemne y lacónico ‘hola’ de los QOM.
Es domingo de pascua y nuevamente decidimos compartir el almuerzo en el comedor. Las expertas cocineras hacen de nuestras delicias. El alboroto de los niños y la alegría nos desborda. Hemos jugado, hemos corrido, hemos ido a pescar, hemos pintado y hemos compartido con ellos.
Uno de nosotros, que ha sabido divertir a los niños, a las cocineras y a todos nosotros, que nos ha hecho sonreír, y que ha llevado la alegría al comedor y a nuestras vidas, es bendecido por uno de los niños. Juancito le regala la mitad del huevito de pascua que su mamá le ha obsequiado.
Nos emociona. Los chicos nos están dando lo que nosotros no hemos podido darles. Es más de lo que esperábamos.
Un fuego que enciende otros fuegos
En el camino de ida nos hemos encontrado con Alejandro y Quique, son de Sáenz Peña. Les contamos el motivo de nuestro viaje y ellos nos sorprenden. Desde el primer día se han puesto a trabajar con nosotros. Han pintado, han limpiado, nos han ayudado a transportar las donaciones, ellos y sus amistades. Y aunque no lo sepan, ellos han hecho aun más, han pasado los días de pascuas trabajando gratuitamente por los niños de este barrio: han encendido sus corazones. Nuestro agradecimiento hacia ellos es enorme. Estamos orgullosos de ellos. No contábamos con tanta solidaridad, no contábamos con la gratuidad y la calidez de su apoyo.
Un corazón puro arde en Córdoba y ahora otros fuegos arden en Sáenz Peña. Cuántas llamas hay en nuestros país esperando ser encendidas.
José, Antonella y Flavia han sido nuestros anfitriones. Su hospitalidad y generosidad han sido excepcional. Su afecto y su calor han colmado nuestros corazones. No podremos retribuir tanta amabilidad y cariño. Nos sentimos en deuda con ellos.
Estamos asombrados. Algo nos ha deslumbrado. Teníamos que ir allí, a Sáenz Peña, para encontrarlo. Y esa es la incandescencia, el entusiasmo, la iniciativa, la bondad, la honestidad, el compromiso, la perseverancia, el empeño y el trabajo infatigable de José. Su espíritu emprendedor nos ha contagiado.
La ciudad de Sáenz Peña está latiendo, se está levantando, quiere vivir. Sabemos que lo hará. Estos jóvenes no están para menos. Nos da gusto saber que nuestro país cuenta con personas como ellos.
Partimos
Muchos de los del barrio siguen sin entender por qué estamos allí, qué hacemos ahí. No venimos a dar bolsones ni planes de trabajo o subsidios. No somos del gobierno, de ninguna empresa, ni de ninguna organización.
Sin embargo, antes de partir nos damos cuenta de lo que estábamos haciendo allí, descubrimos el motivo de nuestra ida a Chaco. Los hombres del comedor, los representantes del barrio, nos cuentan que hace tiempo venían rezando para que el comedor recibiera ayuda. Resulta que no venían consiguiendo mucha ayuda y que entonces le habían pedido a Dios que los ayude.
Así fue como supimos por qué habíamos ido a Chaco y qué era lo que nos impulsaba a ir. Aquello más grande que nos llevaba. Qarta’a Yo’otapena
La cosa está mejor.
Ariel Ríos
Centro de Capacitación Indígena
¡Gracias!
Rayito de Luna
¡Gracias!
*Juan Ignacio Carignani; Global Cargo logística S.A, Jorge y Gustavo Vivas!; Lautaro de Alpha Transportes; Fernando el camionero; Luis Guareschi y su hijo, Cemento SRL; Agustín Anglada; Eugenio y Cristina Gimeno de ACDE-Argex; Buscadores de Manos Abiertas; y todos nuestros padres, hermanos y amigos que nos ayudaron con donaciones, con transporte, digiriendo nuestras empanadas y aguantándonos.
lunes, 7 de abril de 2008
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