Boca eliminó ayer a Cruzeiro de la Copa. Con el diario del jueves en la mano (versión Santander Libertadores del pasquín del lunes), pondero la figura de Martín Palermo. Los manuales indican que el fútbol es un deporte de técnica con preeminencia sobre el físico, como podría ser en el básquet o en el rugby, donde la altura y el grosor corporal, en principio, son más relevantes que las habilidades específicas de la disciplina.
Si bien el gol de ayer fue producto de su cabezazo, Martín Palermo no se cansa de hacer goles como sea. No es muy hábil para gambetear, pero eso poco importa para un puesto donde se debe combinar la precisión del francotirador con la aspereza necesaria para sobrevivir en el área, en la línea de fuego.
Su falta de técnica es criticada por muchos, que atribuyen sus goles a la suerte para conseguir rebotes. Cualquier jugador puede conseguir un gol de rebote, pero Sin embargo, hemos visto goles suyos al segundo o tercer rebote. La capacidad de recuperación de Palermo da a entender que sus goles son fruto de su fortaleza mental y espiritual, más que de su eventual ubicación, cual transeúnte desprevenido que se topa con un excremento de perro.
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jueves, 8 de mayo de 2008
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