viernes, 23 de mayo de 2008

Para muestra alcanza con un botón

Un miércoles de marzo, en la avenida Santa Fe se oían algunas cacerolas y otras en los edificios. La radio hablaba de un cacerolazo a favor del campo en Plaza de Mayo. Volví a casa, piqué algo de la heladera y subte a la plaza, nada que llamara la atención en los vagones de la línea D rumbo a Catedral.
Al salir a la superficie divisé estupefacto, columnas de la Juventud Peronista Evita, con estandartes rojos y negros. Por lo del día anterior, no me hubiera sorprendido una evolución según la cual pudieran convivir en el mismo lugar gente pro-campo-anti-Gobierno y otros anti-campo-pro-Gobierno. Camino veinte metros y veo un grupo de seis personas hablar algo así como “Sí, porque estos hijos de puta”. Pregunto a un hombre de unos treinta cortos, pelo largo atado y barba: ¿Esta manifestación es a favor del campo? “Yo vengo a apoyar al gobierno”, retrucó. Nos quedamos hablando del campo y la soja por unos diez minutos.
En eso se acerca una mujer e seguimos hablando de campo y derechos humano.“Ellos (los K) se quieren llevar todo el mérito de nuestra lucha”, dijo. La charla seguía en una amable tensión cuando se ponen a escasos metros nuestros, tres hombres con pecheras color azul policía del Movimiento Evita, de Emilio Pérsico; carecían de ocupación aparente, bah salvo ver el contrapunto, en un punto de la Plaza equidistante al Cabildo del gobierno nac y pop y la Catedral de la oligarquía rural.
Pasó un cronista calvo de Canal 13 y saludó a los Pérsico Boys con un gesto miedoso. Dispersión de hablantes y ruidos en la calle Bolívar. Corridas: golpearon a un hombre parecido al ex gobernador santacruceño Sergio Acevedo, que emprendía la retirada (“Vos venís a que te peguen”, le dijo Luis D´Elía a un tipo que, efectivamente, fue agredido por él y sus amigos).
Centro de la Plaza, cerca de la pirámide, militantes con aire de estudiantina vuelteaban olímpicamente la Pirámide de Mayo. Divisé al violento rentado, al desalojador de plazas matriculado Luis D´Elía. Maestro de escuela para los formularios de aeropuerto. A metros de los festejantes, conversaba amablemente con algunos fans.
Minutos más tarde, el piquetero y las cámaras frente al Cabildo. A unos cuatro metros del protagonista, interpelo:”¿Por qué la violencia D´Elía?”. Y hablo de lo acontecido el día anterior en la Plaza a un cronista, donde la diputada K Victoria Donda habría agredido al empresario periodístico Jorge Fontevecchia. Se me acerca un pibe de unos 18, e interroga al periodista sobre si venía conmigo. Negativa de éste y me rodean los adictos a D´Elía. “¿Qué venís a provocar?” uno, “Andá al Obelisco” otro, “Andate” otra joven.
Dada la consigna, enfilo para Diagonal Norte cuando siento un golpe suave en mi gemelo derecho. Me muevo con rapidez y miro a un costado y veo a un facineroso con una macana tipo policía, era quien intentó derribarme. Seguí participando. Seguí mi ruta al Obelisco, bondi a casa y me preguntaba si el inconveniente será la gente que es obligada a ir por D´Elía (supongamos que si no van se les cae un plan de alimentos) o el propio D´Elía?

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