En los últimos años el paisaje de las estanterías de los videoclubes ha cambiado: en casi todos ellos las películas han cedido, por lo menos, una columna de estantes a las colecciones de series de televisión, en su gran mayoría estadounidenses. Esta “columna serial” constituye la cara visible del éxito de los ciclos de ficción de Estados Unidos en nuestro país; la invisible son los miles de adeptos que bajan capítulos ilegalmente a través de Internet.
¿El fenómeno se debe sólo a series como Lost o Prison Break o también influye la dudosa calidad de la televisión argentina, con los tentáculos del pulpo Showmatch, junto a sus programas satélites? La pantalla chica vernácula también posee sus ciclos de ficción que, si bien no pueden competir con sus pares del Norte en presupuesto, sí lo pueden hacer desde el plano creativo, desde las ideas.
Por una parte, el nivel actoral es muy superior en las series estadounidenses. Si bien no todos sus actores son egresados de escuelas de arte dramático (el veterano Terry O´Quinn de Lost, tuvo varios oficios antes de dedicarse a la actuación), hay un compromiso por parte de los intérpretes para crear personajes creíbles y complejos.
En contraposición, en la ficción nacional abundan los papeles realizados por figuras de la farándula de escasas luces dramáticas, con el atractivo físico como única virtud y que hacen de ellas mismas o caracterizan personajes insulsos, como la modelo Silvina Luna en Son de Fierro.
Además, las ficciones argentinas tienden a caer en historias estereotipadas de previsible desarrollo, como la chica pobre que se casa con el niño rico (Muñeca Brava y Sos mi vida, ambas protagonizadas por Natalia Oreiro) o el costumbrismo barrial de la familia unida (Son de Fierro, Gasoleros y Campeones, todas ellas realizadas por el actor y productor Adrián Suar). Son como el tema Color Esperanza de Diego Torres, apelan a la sensibilidad del espectador con un mensaje demasiado simple.
Por el contrario, aunque en la televisión de Estados Unidos existen tendencias en los temas seriales de acuerdo a la demanda del público en el momento (médicos, policías, seres sobrenaturales, etc), la reiteración se da menos por los actores que por los argumentos, como pareciera ser caso de nuestro país.
Importan más las historias que sus intérpretes. De este modo, hay más chances de encontrar matices entre una y otra trama de gente confinada a un lugar físico (la isla de Lost o el pueblo de Kansas de Jericho), que en las producciones que giran en torno al genio y figura de su protagonista, como las de Oreiro y Guilermo Francella. Esto no minimiza excelentes actuaciones como las de Masi Oka (Hiro Nakamura en Heroes) o Michael Emerson (Benjamin Linus en Lost), sino que estas crecen ante el reto planteado por tramas innovadoras.
Los flashbacks (escenas con imágenes del pasado respecto al momento en que se desarrolla la trama) constituyen un recurso fuerte de muchas series y la mezcla de acción e intriga capítulo a capítulo mantienen a su público fiel. Todo ello sustentado en ideas de original elaboración, como la de una hombre que se hace encerrar en una cárcel para luego fugarse (Prison Break).
La televisión estadounidense, con sus series, se halla en un momento de éxito inigualable en nuestro país, vía globalización, dado que sus historias son complejas y adictivas, e incitan a mirarlas atentamente para entender lo que pasa en ellas, por lo que transforman a un espectador pasivo en uno activo.
A los creadores de ficción estadounidense se les podría aplicar lo dicho por Manuel Puig sobre los directores de Hollywood: “tenían muy presente los límites de la atención del espectador”. Pues bien, gran parte de ellos, por una cuestión generacional, saben que con el auge telecomunicacional de nuestros tiempos, la gente se halla preparada para responder a estímulos múltiples.
Y lo aplican en sus creaciones enfocadas en varios personajes a la vez, donde una o dos líneas argumentales no resultan suficientes para atrapar a quienes se hallan acostumbrados hablar por teléfono, navegar por Internet y revisar el correo electrónico en forma casi simultánea.
“Nos estimulan intelectualmente, al forzarnos a seguir múltiples hilos argumentales y a llenar con información los agujeros que los guionistas dejan deliberadamente vacíos u oscuros.”, comenta el neurobiólogo neoyorquino Steve Johnson sobre programas como Los Soprano y 24. Utiliza como ejemplo estas series para atacar el lugar común que machaca con que la televisión en general es “basura” que no contribuye al desarrollo intelectual de sus usuarios.
La investigadora en medios española Concepción Cascajosa puntualiza que la televisión del país del Norte es hoy “la más compleja, rica y estimulante del mundo”, debido a que las nuevas cadenas de programación se dirigen a segmentos de audiencia “cada vez más cultos, complejos y sofisticados”.
La relación con Internet es otro punto clave para comprender el fenómeno de las series, desde la base que millones las miran exclusivamente por ese medio. Cascajosa explica que, del feedback entre los programas y sus fanáticos en la red, han surgido neologismos como script-to-screen y fan fiction.
El primero de ellos apareció en el sitio oficial de 24 y consiste en la explicación de una secuencia desde que se escribe hasta que se filma, en contraste a los clásicos detrás de escena “donde los actores hablan de cuanto se aprecian a sí mismos”, ironiza Cascajosa. En tanto que el segundo, son los relatos escritos por los internautas que siguen los hilos argumentales surgidos de las series.
En conclusión, las series norteamericanas son exitosas en la Argentina debido a sus historias que combinan complejidad argumental y un desarrollo irrefrenable de la acción, sumadas a una calidad actoral superlativa. Esto hace que se conviertan en un fenómeno de culto por parte de una teleaudiencia ávida de propuestas que desafíen su capacidad de comprensión y que “el mundo” de las series no culmine con la emisión de sus capítulos, sino que se extienda a través de las infinitas posibilidades que hoy brinda Internet.
sábado, 31 de mayo de 2008
viernes, 23 de mayo de 2008
Para muestra alcanza con un botón
Un miércoles de marzo, en la avenida Santa Fe se oían algunas cacerolas y otras en los edificios. La radio hablaba de un cacerolazo a favor del campo en Plaza de Mayo. Volví a casa, piqué algo de la heladera y subte a la plaza, nada que llamara la atención en los vagones de la línea D rumbo a Catedral.
Al salir a la superficie divisé estupefacto, columnas de la Juventud Peronista Evita, con estandartes rojos y negros. Por lo del día anterior, no me hubiera sorprendido una evolución según la cual pudieran convivir en el mismo lugar gente pro-campo-anti-Gobierno y otros anti-campo-pro-Gobierno. Camino veinte metros y veo un grupo de seis personas hablar algo así como “Sí, porque estos hijos de puta”. Pregunto a un hombre de unos treinta cortos, pelo largo atado y barba: ¿Esta manifestación es a favor del campo? “Yo vengo a apoyar al gobierno”, retrucó. Nos quedamos hablando del campo y la soja por unos diez minutos.
En eso se acerca una mujer e seguimos hablando de campo y derechos humano.“Ellos (los K) se quieren llevar todo el mérito de nuestra lucha”, dijo. La charla seguía en una amable tensión cuando se ponen a escasos metros nuestros, tres hombres con pecheras color azul policía del Movimiento Evita, de Emilio Pérsico; carecían de ocupación aparente, bah salvo ver el contrapunto, en un punto de la Plaza equidistante al Cabildo del gobierno nac y pop y la Catedral de la oligarquía rural.
Pasó un cronista calvo de Canal 13 y saludó a los Pérsico Boys con un gesto miedoso. Dispersión de hablantes y ruidos en la calle Bolívar. Corridas: golpearon a un hombre parecido al ex gobernador santacruceño Sergio Acevedo, que emprendía la retirada (“Vos venís a que te peguen”, le dijo Luis D´Elía a un tipo que, efectivamente, fue agredido por él y sus amigos).
Centro de la Plaza, cerca de la pirámide, militantes con aire de estudiantina vuelteaban olímpicamente la Pirámide de Mayo. Divisé al violento rentado, al desalojador de plazas matriculado Luis D´Elía. Maestro de escuela para los formularios de aeropuerto. A metros de los festejantes, conversaba amablemente con algunos fans.
Minutos más tarde, el piquetero y las cámaras frente al Cabildo. A unos cuatro metros del protagonista, interpelo:”¿Por qué la violencia D´Elía?”. Y hablo de lo acontecido el día anterior en la Plaza a un cronista, donde la diputada K Victoria Donda habría agredido al empresario periodístico Jorge Fontevecchia. Se me acerca un pibe de unos 18, e interroga al periodista sobre si venía conmigo. Negativa de éste y me rodean los adictos a D´Elía. “¿Qué venís a provocar?” uno, “Andá al Obelisco” otro, “Andate” otra joven.
Dada la consigna, enfilo para Diagonal Norte cuando siento un golpe suave en mi gemelo derecho. Me muevo con rapidez y miro a un costado y veo a un facineroso con una macana tipo policía, era quien intentó derribarme. Seguí participando. Seguí mi ruta al Obelisco, bondi a casa y me preguntaba si el inconveniente será la gente que es obligada a ir por D´Elía (supongamos que si no van se les cae un plan de alimentos) o el propio D´Elía?
Al salir a la superficie divisé estupefacto, columnas de la Juventud Peronista Evita, con estandartes rojos y negros. Por lo del día anterior, no me hubiera sorprendido una evolución según la cual pudieran convivir en el mismo lugar gente pro-campo-anti-Gobierno y otros anti-campo-pro-Gobierno. Camino veinte metros y veo un grupo de seis personas hablar algo así como “Sí, porque estos hijos de puta”. Pregunto a un hombre de unos treinta cortos, pelo largo atado y barba: ¿Esta manifestación es a favor del campo? “Yo vengo a apoyar al gobierno”, retrucó. Nos quedamos hablando del campo y la soja por unos diez minutos.
En eso se acerca una mujer e seguimos hablando de campo y derechos humano.“Ellos (los K) se quieren llevar todo el mérito de nuestra lucha”, dijo. La charla seguía en una amable tensión cuando se ponen a escasos metros nuestros, tres hombres con pecheras color azul policía del Movimiento Evita, de Emilio Pérsico; carecían de ocupación aparente, bah salvo ver el contrapunto, en un punto de la Plaza equidistante al Cabildo del gobierno nac y pop y la Catedral de la oligarquía rural.
Pasó un cronista calvo de Canal 13 y saludó a los Pérsico Boys con un gesto miedoso. Dispersión de hablantes y ruidos en la calle Bolívar. Corridas: golpearon a un hombre parecido al ex gobernador santacruceño Sergio Acevedo, que emprendía la retirada (“Vos venís a que te peguen”, le dijo Luis D´Elía a un tipo que, efectivamente, fue agredido por él y sus amigos).
Centro de la Plaza, cerca de la pirámide, militantes con aire de estudiantina vuelteaban olímpicamente la Pirámide de Mayo. Divisé al violento rentado, al desalojador de plazas matriculado Luis D´Elía. Maestro de escuela para los formularios de aeropuerto. A metros de los festejantes, conversaba amablemente con algunos fans.
Minutos más tarde, el piquetero y las cámaras frente al Cabildo. A unos cuatro metros del protagonista, interpelo:”¿Por qué la violencia D´Elía?”. Y hablo de lo acontecido el día anterior en la Plaza a un cronista, donde la diputada K Victoria Donda habría agredido al empresario periodístico Jorge Fontevecchia. Se me acerca un pibe de unos 18, e interroga al periodista sobre si venía conmigo. Negativa de éste y me rodean los adictos a D´Elía. “¿Qué venís a provocar?” uno, “Andá al Obelisco” otro, “Andate” otra joven.
Dada la consigna, enfilo para Diagonal Norte cuando siento un golpe suave en mi gemelo derecho. Me muevo con rapidez y miro a un costado y veo a un facineroso con una macana tipo policía, era quien intentó derribarme. Seguí participando. Seguí mi ruta al Obelisco, bondi a casa y me preguntaba si el inconveniente será la gente que es obligada a ir por D´Elía (supongamos que si no van se les cae un plan de alimentos) o el propio D´Elía?
jueves, 8 de mayo de 2008
Martín Palermo, titán mental
Boca eliminó ayer a Cruzeiro de la Copa. Con el diario del jueves en la mano (versión Santander Libertadores del pasquín del lunes), pondero la figura de Martín Palermo. Los manuales indican que el fútbol es un deporte de técnica con preeminencia sobre el físico, como podría ser en el básquet o en el rugby, donde la altura y el grosor corporal, en principio, son más relevantes que las habilidades específicas de la disciplina.
Si bien el gol de ayer fue producto de su cabezazo, Martín Palermo no se cansa de hacer goles como sea. No es muy hábil para gambetear, pero eso poco importa para un puesto donde se debe combinar la precisión del francotirador con la aspereza necesaria para sobrevivir en el área, en la línea de fuego.
Su falta de técnica es criticada por muchos, que atribuyen sus goles a la suerte para conseguir rebotes. Cualquier jugador puede conseguir un gol de rebote, pero Sin embargo, hemos visto goles suyos al segundo o tercer rebote. La capacidad de recuperación de Palermo da a entender que sus goles son fruto de su fortaleza mental y espiritual, más que de su eventual ubicación, cual transeúnte desprevenido que se topa con un excremento de perro.
Seguí leyendo más de deportes en Esta! blog http://estadetea.blogspot.com
Si bien el gol de ayer fue producto de su cabezazo, Martín Palermo no se cansa de hacer goles como sea. No es muy hábil para gambetear, pero eso poco importa para un puesto donde se debe combinar la precisión del francotirador con la aspereza necesaria para sobrevivir en el área, en la línea de fuego.
Su falta de técnica es criticada por muchos, que atribuyen sus goles a la suerte para conseguir rebotes. Cualquier jugador puede conseguir un gol de rebote, pero Sin embargo, hemos visto goles suyos al segundo o tercer rebote. La capacidad de recuperación de Palermo da a entender que sus goles son fruto de su fortaleza mental y espiritual, más que de su eventual ubicación, cual transeúnte desprevenido que se topa con un excremento de perro.
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viernes, 2 de mayo de 2008
Clemente Cancela encuestado
Último libro leído y recomendable: Ciencias Morales de Martín Kohan
Lugar favorito para comprar libros: Parque Rivadavia
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